Catequesis Patronal

Peregrinos de la Esperanza

Catequesis como preparación a las fiestas en honor a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de La Estrella.

Año Santo 2025 • La Estrella, Antioquia

Preparación del Encuentro

Antes de reunir a la comunidad, así se dispone el ambiente para vivir este momento de catequesis barrial.

  1. Se debe escoger entre la comunidad una persona que anime el tema, o se puede distribuir cada numeral entre los habitantes del barrio para que cada uno tenga un rol.
  2. Disponer de un espacio amplio y hacer una buena difusión entre los vecinos.
  3. Tener un espacio decorado con una imagen de la Chinca, un cirio y otros elementos que se consideren pertinentes.
  4. Recibir a los asistentes con alegría; puede emplearse música religiosa en un bafle para ambientar.
  5. Si el sector es muy grande, se recomienda llevar a cabo esta actividad preparatoria en diferentes horarios y lugares.
Nota: los invitamos a tomar fotos durante el encuentro y enviarlas al padre Juan Pablo Aristizábal.

Desarrollo del Encuentro

1

Bienvenida

Se puede prever recibir a los asistentes con un dulce, dándoles un caluroso saludo y, si la cantidad de personas lo permite, hacer una breve presentación para construir tejido comunitario y social.

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Oración y Palabra

Se pide la presencia del Espíritu Santo de manera espontánea para que ilumine nuestro entendimiento y disponga el corazón a la escucha de la palabra.

Juan 19, 25-27

«Estaban junto a la cruz de Jesús su Madre y la hermana de su Madre, María de Cleofás y María la Magdalena. Jesús, viendo a su Madre y al discípulo que amaba, que estaba allí, dijo a la Madre: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo: He ahí a tu Madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.»

Palabra del Señor.

Reflexión

La Santísima Virgen María es nuestra Madre. Esta dimensión no es solamente un título honorífico o simbólico: es una realidad desde el momento de la cruz, por las mismas palabras del Señor, y debe ser una clave de esperanza para los momentos que vive hoy la humanidad: soledad, depresión, ansiedad, pérdida del sentido de vida, catástrofes naturales, guerras y otras dolorosas situaciones.

¡Tenemos una Madre! Esto nos lo expresa desde el momento más cruel de su pasión el mismo Jesús, y con ello nos asegura una permanente compañía de ternura y comprensión para toda la humanidad. ¡Somos hijos! Esta feliz certeza nos hace a la vez hermanos que, como miembros de la Iglesia, tenemos la posibilidad de apoyarnos unos a otros.

Jesús no salva del sufrimiento, sino en el sufrimiento; no protege del dolor, sino en el dolor. Dios no salva de la cruz, sino en la cruz. En todo esto nos acompaña Ella: la Reina, la Señora, la Virgen que nos acompaña en nuestra historia de salvación.

Desde la aurora del cristianismo, cuando la Iglesia a la sombra de las catacumbas dibujaba la figura de quien es Madre de la Vida, hasta hoy, en cada momento de la historia desde la cruz, ¿cómo no entenderá Ella los dolores de sus hijos en este momento decisivo del siglo XXI? Desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa, y con el evangelista nosotros deberemos recibirla por siempre, abriendo el corazón para que su maternidad santa haga de nosotros hijos santos que aceptan la divina voluntad.

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Apartes de Lumen Gentium

Sacrosanto Concilio Vaticano II, numerales 62 al 64.

La maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación, y lo mantuvo sin vacilación al pie de la Cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues, una vez asunta a los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Por su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la Bienaventurada Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora, sin que ello quite ni agregue nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador.

La Bienaventurada Virgen, por el don y el oficio de la maternidad divina, con que está unida al Hijo Redentor, y por sus singulares gracias y dones, está unida también íntimamente a la Iglesia. La Madre de Dios es tipo de la Iglesia, como ya enseñaba San Ambrosio, en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo. Creyendo y obedeciendo, engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, sin conocer varón, por obra del Espíritu Santo, como una nueva Eva, prestando fe sin sombra de duda al mensaje de Dios.

Ahora bien: la Iglesia, contemplando su arcana santidad e imitando su caridad, y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, también ella es madre, por la palabra de Dios fielmente recibida; por la predicación y el bautismo engendra para la vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios. Y también ella es virgen que custodia pura e íntegramente la fidelidad prometida al Esposo, conservando virginalmente la fe íntegra, la sólida esperanza y la sincera caridad.

(Resulta conveniente hacer algún eco de la lectura para la interiorización de las personas.)

4

Nuestras Fiestas Patronales

Un acto de piedad entre nosotros son las fiestas de la Virgen que realizamos en La Estrella cada año en el mes de septiembre. Estas tienen varios objetivos y fines:

La Virgen María es la Madre de Jesús y también nuestra Madre. Queremos acogerla en nuestra casa, y ello implica recibirla también en nuestras comunidades: ¡es recordarles a todos que tenemos una Madre! En La Estrella, ella es conocida y amada con el nombre de Nuestra Señora de Chiquinquirá de La Estrella, y es la patrona del municipio.

Cada año, la comunidad entera se reúne para honrarla y agradecerle su amor maternal. Es una tradición que viene desde los comienzos de nuestro municipio, porque La Estrella fue fundada el 4 de septiembre de 1695, hace 341 años, con ese nombre tan bonito: Nuestra Señora de La Estrella. Su imagen estuvo desde el primer momento peregrinando por nuestras tierras.

"¡María, estamos contigo! ¡Gracias por cuidarnos y llevarnos a Jesús!"

Una fe que se celebra en comunidad

Caminar con la Virgen en procesión, rezarle el rosario, decorar las calles y participar en las fiestas es una forma de expresar nuestra fe, incluso cuando muchas personas ya no creen o no practican.

"¡Dios está con nosotros!"

Aunque su día litúrgico en la Iglesia es el 9 de julio, en La Estrella la celebramos con más fuerza durante septiembre, porque es el mes de la fundación del pueblo y de muchas fiestas marianas. En este mes siempre se ha celebrado de manera ininterrumpida, incluso en momentos difíciles como la violencia o la pandemia. Toman aún mucha más fuerza a partir del 13 de septiembre de 1959, con la coronación canónica de la Virgen.

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Preguntas para Reflexionar en Grupo

  • ¿Qué significa para mí la Virgen María?
  • ¿He sentido alguna vez que ella me acompaña o me protege?
  • ¿Cómo puedo participar con alegría en las fiestas de la Virgen?
  • ¿Estoy enseñando a otros, especialmente a los niños, a amar a María?
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Invitación a la Gran Fiesta

Informar a la comunidad de la fiesta propia para ese año, teniendo en cuenta hora, día, lugar y actividades previas y durante el día de fiesta, motivando la asistencia a la procesión y caminarla, igualmente la participación en la celebración de la Santa Misa.

Gran Fiesta · Domingo 27 de septiembre 4:00 p. m. — Misa solemne principal y Gran Procesión con el lienzo original de la Chinca.

Donde resulte conveniente, puede terminarse el encuentro compartiendo algún alimento y con el rezo del Santo Rosario por las intenciones del Papa León XIV y de la Iglesia, e igualmente por quienes sufren.

Acompáñanos en esta Catequesis

Comparte este encuentro con tu barrio y prepárense juntos para la Gran Fiesta

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